Desde la ventana de mi habitación puedo observar nítidamente la torre del edificio del Wensting Libertador que se muestra imponente como un centinela de guardia, esbelta como una modelo de pasarela, casi transparente o quizás hasta es capaz de brillar.
También puedo ver los techos de las casas contiguas a las mías, sombrías como si estuvieran abandonadas, permitiendo que gatos extraños diambulen como niños traviesos a punto de hacer una travesura creyendo ser parte de un laberinto constante, casi interminable.
Suelo fijarme en las personas que pasan debajo de mi ventana, algunos acompañados, talvez incómodos, otros transitan fielmente solitario, caminan concentrados, pensativos, podría afirmar que no se imaginan que los estoy observando, sólo caminan, casi corren, como queriendo escapar.
También puedo ver los techos de las casas contiguas a las mías, sombrías como si estuvieran abandonadas, permitiendo que gatos extraños diambulen como niños traviesos a punto de hacer una travesura creyendo ser parte de un laberinto constante, casi interminable.
Suelo fijarme en las personas que pasan debajo de mi ventana, algunos acompañados, talvez incómodos, otros transitan fielmente solitario, caminan concentrados, pensativos, podría afirmar que no se imaginan que los estoy observando, sólo caminan, casi corren, como queriendo escapar.



0 comentarios:
Publicar un comentario